La peregrinación de farolitos es uno de esos momentos del año en los que San Juan del Río se siente distinto. Las calles se llenan de luces, familias completas salen juntas y la ciudad pareciera detenerse por un instante. Es una tradición que todos reconocen, pero no todos conocen a profundidad.
Este fenómeno cultural ha crecido tanto que se ha convertido en referente local, un símbolo que aparece cada diciembre sin falta. Pero su significado, su origen y su impacto siguen siendo temas que despiertan interés y preguntas.
La peregrinación consiste en acompañar —generalmente el 11 de diciembre— una caminata comunitaria hacia el Santuario de Guadalupe, sosteniendo farolitos hechos de papel, plástico o materiales reciclados. Para muchos es un acto de fe; para otros, un recuerdo de infancia; y para algunos más, un evento que simplemente “ya es parte de ser sanjuanense”.
Su relevancia es evidente: moviliza miles de personas, involucra a escuelas, familias y barrios completos, y marca el inicio del ambiente guadalupano en la ciudad. También se ha convertido en un punto de encuentro generacional, donde abuelos, padres, hijos y nietos participan juntos.
Como en toda tradición masiva, existen posiciones distintas.
Entre quienes la valoran, se destaca su capacidad de unir a la comunidad, fomentar la identidad y mantener viva la memoria cultural. Por otro lado, hay quien señala la falta de documentación histórica, el crecimiento desorganizado de la movilización y la necesidad de mejorar aspectos como seguridad, vialidad e información oficial.
San Juan del Río no es la única ciudad con caminatas nocturnas previas al Día de la Virgen. Ciudades como Querétaro, León o San Miguel de Allende realizan actividades similares, y algunas han documentado su origen o implementado rutas definidas, horarios formales y materiales informativos. Estas prácticas ayudan a proteger la tradición sin modificar su esencia.
Si la ciudad quisiera fortalecer esta peregrinación, existen pasos simples y viables: registrar testimonios de familias y escuelas, construir una memoria histórica accesible, definir rutas y horarios oficiales para mejorar la logística y, eventualmente, integrar elementos culturales que enriquezcan la experiencia sin perder su carácter comunitario.
La peregrinación de farolitos no necesita grandes cambios para seguir siendo lo que es. Solo requiere que la comunidad preserve su espíritu y que, con el tiempo, se cuide su historia para que las nuevas generaciones entiendan por qué es tan especial.
¿Desde cuándo participas en esta tradición? Tu experiencia puede ayudar a entender mejor cómo ha evolucionado.
